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Yo para Reyes quiero unos zapatos de tacón cómodos…¡para bailar hasta el amanecer!

#Sspeaking

Si hablamos de noches mágicas, mi preferida siempre ha sido la noche de Reyes. Noche especial donde las haya, empezaba a las seis de la tarde con “La ansiada cabalgata”, ese ritual cargado de fantasía e ilusión, capaz de dejar a un niño con un subidón tal, que ni Pocholo en sus años televisivos.
¿Quién no ha llegado a casa embriagado por la emoción de la cabalgata y ese subidón de azúcar provocado por una descontrolada ingesta de caramelos, y ha empezado a urdir un refinado plan con primos y hermanos para aguantar despiertos toda la noche y pillar a los Reyes en acción?¿A quién no le ha jugado una mala pasada la imaginación al oír voces de Reyes y pasos de camello en cada esquina, una vez terminada la cabalgata? Sabías que tras la cabalgata empezaba el reparto. Se había abierto la veda, Los Reyes Magos estaban ahí fuera y podían llegar en cualquier momeeeeentoooooo.

No sé si eran los nervios, el subidón de azúcar o una ligera mezcla entre emoción y miedo, el caso es que ya solo podías hablar de Los Reyes Magos. Hablabas rápido, hablábas atropellado, pero tú solo querías gritar de la emocioooooón. ¡Dios mío que noche tan emocionante! Y de repente te dabas cuenta de que cualquier cosa podía pasar en una noche en la que llueven caramelos…

Recuerdo los preparativos con ilusión. Una bandeja degustación de turrones y 3 copitas de champagne para Los Reyes Magos; y un cubo de agua y zanahorias para los camellos. Recuerdo escoger entre mis zapatos el más bonito de todos para ponerlo bajo el árbol junto a los de mis padres. Ahí siempre caía un regalito sorpresa. Mis favoritos eran unos zapatos rojos. Siempre me han encantado los zapatos rojos. Y siempre he tenido un par. Mi amiga Mariana los llama “los zapatos de pillar”. Yo creo que son un básico- clásico que no puede faltar en el armario. Por eso este año, dispuesta a ampliar mi colección de zapatos rojos, les he pedido a los reyes magos unas sandalias rojas, concretamente la sandalia Tarida de Studio Philocaly, que tengo reservadas desde hace tiempo.

En realidad recuerdo cada momento de esa noche con muchísima ilusión, ya que mis padres siempre hicieron del día de Reyes un día mágico. Quizá los mejores recuerdos de mi infancia sean de Reyes. Y sin duda alguna el mejor de todos es el del año en que los conocí en persona. Yo era pequeña, tan pequeña como para negociar un cambio de juguetes por chupete con el Rey Baltasar. ¡Qué tío!… Os diré que es duro negociando, muy duro. Se llevó el chupete y no lo volví a ver hasta bastante tiempo después, cuando por accidente abrí una bombonera de la habitación de mis padres…¡Y ahí estaba! El chupete que se había llevado Baltasar hacía más de un año…¿Cómo podía ser? Ingenua de mi pensé: “¡Vaya, sí que son mágicos Los Reyes!…¿Cómo ha llegado este chupete hasta aquí?” Pues resulta que la vida te va dando pistas desde bien chiquitita, pero no hay más ciego que el que no quiere ver, señoras. Así que yo crecí pensando que aquello era magia de Reyes.

El caso es que yo era muy pequeña, pero jamás olvidaré aquella noche en la que de repente, ya con el pijama puesto y preparada para irme a la cama, llaman a la puerta. Mis padres me mandan abrir, cuando para mi sorpresa: ¡Venga yaaaaa!!!! Ahí estaban Los 3 Reyes Magos…¡En persona! En la puerta de MI CASA. No os podéis imaginar la cara que se me quedó. De hecho creo que cortocircuité. Y como todo niño impredecible que se precie, les mire con la boca abierta durante 3 segundos y acto seguido les cerré la puerta en las narices para salir corriendo a la cocina.

– MAMAAAÁ…PAPAAAÁ…que son Los Reyes.
– ¿Y dónde están?
– En la calle. Cerré la puerta.
– ¿Cómo se te ocurre? Corre a abrirles, a ver si se van a ir con tus regalos.

Y con el terror en el cuerpo de imaginarme mis regalos de vuelta a Oriente, salí escopetada hacia la puerta. ¡Gracias a Dios ahí seguían! Clavados delante de la puerta tal y como les dejé. Supongo que flipando tanto como yo… Mis padres les invitaron a pasar. Tomamos turrón y champagne, Baltasar rompió una copa de cristal. Luego jugó unas partidas conmigo a la diana de bolas de velcro que él mismo me regaló; y poco después me cambió el chupete por una cocinita de la Barbie…

Durante años nadie creyó mi historia, hasta que crecí y pude contarla completa: Resulta que por aquel entonces mi padre tenía una pequeña productora. Hacían bodas, bautizos y comuniones. Pero ese año, los responsables de la cabalgata le pidieron un video a mi padre y él les ofreció hacerlo gratis si al terminar, Los Reyes se pasaban por mi casa a darnos los regalos en persona.

Hubo otro maravilloso año: “el que me regalaron el casete de PlaySchool”. Venía con una cinta virgen y un micrófono para grabar. Cuando lo abrí…no os lo vais a creer, pero tenía un mensaje de Los Reyes Magos grabado en “MI CINTA”. ¡Madre mía! no sabéis lo que es llegar un 7 de enero al colegio con una grabación de Los Reyes Magos en exclusiva. Entre la grabación y mi audiencia con sus Altezas Los Reyes Magos de Oriente un par de años atrás, no había quien me aguantase. Vamos, que me pegué años hablando de los Reyes Magos como si fuésemos íntimos amigos.

Años después, cuando descubrí todo el pastel, mis padres se negaron a dejar que se esfumase la magia y convirtieron la mañana de Reyes en una búsquedas del tesoro. Había acertijos y adivinanzas escondidas por toda la casa, que me iban acercando poco a poco a los regalos. ¡Madre mía, qué divertido! Teníais que verme derrapando por el pasillo cada vez que adivinaba una pista….

Os diré que mis padres han sido los mejores Reyes Magos que he podido tener. No los cambiaría ni por los mismísimos Reyes Magos de Oriente.

Aunque también recuerdo unas Navidades en las que se pusieron graciosos. Escondieron el pupitre amarillo que me habían comprado y en su lugar me dejaron una bolsa de carbón… ¡del de VERDAD! ¡CUANDO AÚN CREÍA EN LOS REYES! Creo que no me he sentido peor en mi vida…y mis padres también. Pronto se dieron cuenta de que su chiste no había tenido gracia…Aunque aún hoy mi madre se sigue riendo de la cara que se me quedó.

Mi padre ya no está aquí, pero me sigo emocionando en cada cabalgata. De hecho disfruto mirando hacia atrás y viendo las caras extasiadas de los niños a hombros de sus padres. Luego sonrío mientras imagino al mío negociando con los Reyes de la cabalgata para arrastrarlos a casa.

Sigo pensando que es una noche mágica, y nunca dejaré de pensarlo. Porque mis padres, como todos los padres del mundo, las hicieron mágicas para nosotros. Así que yo sigo disfrutando de la mejor noche del año desde las 6 de la tarde … y hasta que el cuerpo aguante. No sé si es por lo mucho que insistieron siempre mis padres en acostarme pronto esa noche, pero ahora me niego a irme a la cama y por eso la paso bailando hasta el amanecer. Así que cada 5 de enero me calzo mis zapatos de baile, los más cómodos que tengo, y salgo a la calle a vivir una noche mágica, que siempre empieza con una cabalgata y algún caramelazo en la cabeza.

Este año he escogido mis zapatos de Studio Philocaly favoritos, los Saura rosas y mi bandolera Sarita de piel de escamas negra de Studio Philocaly, combinados con un look total black, que nunca falla. Ya sabes, con unos zapatos cómodos y un total black, puedes acabar en cualquier sitio 😉

Así que… lista para comer caramelos, brindar y bailar hasta el amanecer… ¿Quién sabe? Puede que de vuelta a casa me encuentre con Los Reyes Magos 😉

¡Nos vemos en la cabalgata, chicas!

S.